Heridas de la infancia: qué son, tipos y cómo sanarlas en la vida adulta

A veces, las experiencias de la infancia dejan sensaciones que nos acompañan más de lo que imaginamos. No tienen que ser momentos muy intensos; a veces basta con haberse sentido solo, incomprendido o sin el apoyo emocional necesario. Con el tiempo, esas vivencias pueden influir en cómo te hablas, cómo te relacionas y cómo reaccionas ante ciertas situaciones.
Explorar estas heridas no busca señalar culpables, sino entender de dónde vienen y qué parte de ellas sigue presente hoy. Por eso, creamos este artículo para explicarles qué son las heridas de la infancia, cuáles son sus tipos más conocidos, cómo afectan nuestra vida adulta, cómo identificarlas y, sobre todo, cómo comenzar a sanarlas.
¿Qué son las heridas emocionales de la infancia?
Las heridas de la infancia son experiencias emocionales que, en su momento, un niño no pudo comprender ni manejar. A esa edad, aún no existen las herramientas para regular sentimientos intensos o entender por qué los adultos actúan de cierta manera. Por eso, situaciones pequeñas para un adulto pueden sentirse abrumadoras para un niño.
No siempre nacen de momentos evidentes o dolorosos. Muchas veces surgen de vivencias más sutiles: falta de atención emocional, invalidación o señales contradictorias. También aparecen en esos instantes en los que el niño se sintió solo, confundido o poco visto. Son experiencias que se repiten y terminan moldeando cómo aprendemos a relacionarnos.
¿De dónde provienen las heridas emocionales?
Muchas de estas heridas se forman en los primeros años de vida, cuando dependemos por completo del cuidado emocional. Por ejemplo, cuando un niño se siente escuchado y tomado en cuenta, aprende que sus emociones importan y que puede confiar en los demás. Pero cuando ese acompañamiento es distante, impredecible o demasiado exigente, el niño busca formas de adaptarse para sentirse seguro.
De ahí surgen patrones como buscar aprobación, cargar con vergüenza intensa o volverse perfeccionista que marcan nuestro desarrollo emocional. También pueden aparecer hábitos como evitar el conflicto, complacer a otros o estar siempre en alerta. Son estrategias que el niño creó para protegerse emocionalmente en su entorno.
Tipos de heridas de la infancia
El modelo de Lise Bourbeau identifica cinco heridas principales y propone una «máscara» emocional para cada una.
Estas máscaras son mecanismos de defensa que aprendimos para protegernos del dolor. No son rasgos permanentes, sino estrategias que pueden transformarse con autoconciencia y acompañamiento emocional.
1. Herida de rechazo
Aparece cuando el niño siente que no es bienvenido o valorado. La herida del rechazo puede nacer de críticas tempranas, frialdad emocional o la sensación constante de «no encajar».
Máscara: huidizo
- Evita la exposición para no sentirse vulnerable.
- Se desconecta emocionalmente ante el gran miedo al rechazo.
- Minimiza sus necesidades para no «molestar».
Signos en la adultez
- Autocrítica intensa.
- Miedo a no ser suficiente.
- Tendencia a retirarse o aislarse emocionalmente.
Ejemplos
- Rechazar oportunidades por miedo a ser juzgado o fallar.
- Evitar expresar opiniones en reuniones de trabajo porque teme ser criticado o sonar «poco inteligente».
2. Herida de abandono
Surge cuando el niño no se sintió sostenido emocionalmente o vivió muchas carencias afectivas de parte de su figura de autoridad. La herida del abandono también aparece cuando el niño percibía que debía esforzarse para recibir compañía o cariño.
Máscara: dependiente
- Busca apoyo constante para sentirse seguro.
- Se aferra a las personas importantes.
- Miedo profundo a la soledad.
Signos en la adultez
- Ansiedad ante la distancia emocional.
- Necesidad frecuente de validación.
- Dependencia emocional en vínculos cercanos.
Ejemplos
- Angustia intensa cuando alguien cercano tarda en responder un mensaje.
- Mantener relaciones que ya no le hacen bien por miedo a quedarse solo o a «abrumar» a otros con sus necesidades.
3. Herida de humillación
Aparece cuando el niño fue ridiculizado, avergonzado o invalidado. También cuando recibió mensajes que le hicieron sentir que sus emociones eran «demasiado» o inadecuadas.
Máscara: cuidador excesivo o masoquista
- Evita destacar para no ser criticado.
- Se sobrecarga de responsabilidades para evitar sentir vergüenza.
- Deja sus propias necesidades en segundo plano para priorizar las necesidades de los demás.
Signos en la adultez
- Vergüenza persistente.
- Miedo al ridículo.
- Necesidad de aprobación o atención de los demás para sentirse válido.
Ejemplos
- Callar opiniones valiosas por temor a equivocarse.
- Sentir vergüenza cuando comete errores simples, como olvidar una fecha, y pensar que los demás lo están juzgando con dureza.
4. Herida de traición
Surge cuando figuras importantes incumplen promesas o generan un ambiente impredecible. También puede aparecer en contextos de engaños o cambios bruscos sin explicación.
Máscara: controlador
- Supervisa o dirige para sentirse seguro.
- Le cuesta confiar plenamente.
- Busca mantener todo bajo control para evitar decepciones.
Signos en la adultez
- Celos o desconfianza frecuente.
- Hipervigilancia en vínculos.
- Sensación de responsabilidad excesiva.
Ejemplos
- Molestia cuando alguien cambia un plan sin previo aviso.
- Revisar detalles, mensajes o acciones de otros buscando señales de inconsistencias para anticipar posibles decepciones.
5. Herida de injusticia
Se forma en entornos muy exigentes, críticos o severos, donde el afecto parece depender del rendimiento o del «buen comportamiento».
Máscara: rígido
- Control emocional intenso.
- Alta autoexigencia.
- Perfeccionismo como forma de protección.
Signos en la adultez
- Frustración ante errores mínimos.
- Dificultad para relajarse o recibir ayuda.
- Sensación de no ser suficiente.
Ejemplos
- Sentirse indignado por una pequeña equivocación propia o ajena.
- Experimentar frustración profunda cuando algo no sale exactamente como lo planeó, incluso si el resultado sigue siendo bueno.
Si al leer estos tipos de heridas reconociste patrones en ti, recuerda que no tienes que explorarlos solo. En Sanarai puedes encontrar psicólogos que te ofrecerán un acompañamiento emocional cálido y accesible para entender tu historia con más claridad y aprender nuevas formas de cuidarte.
¿Cómo las heridas de la infancia afectan tu vida adulta?
Las heridas de la infancia no se quedan atrás. A veces se activan sin que lo notemos, sobre todo en momentos que nos recuerdan, aunque sea de manera sutil, aquellas experiencias tempranas. Esto puede influir en distintas áreas de la edad adulta:
Relaciones personales
- Miedo al abandono o al rechazo, especialmente con sus seres queridos.
- Evitar la intimidad o depender demasiado de otros.
- Dificultad para poner límites sanos.
- Repetir patrones dolorosos en diferentes vínculos.
Ejemplo: alguien con miedo al abandono puede volverse muy disponible, incluso a costa de sí mismo, mientras que alguien con herida de rechazo puede retirarse emocionalmente para “no molestar”.
Baja autoestima
- Sensación constante de «no ser suficiente».
- Poca capacidad para reconocer logros.
- Vergüenza o culpa persistentes.
- Tendencia al autosabotaje o autocrítica elevada.
Ejemplo: muchos adultos con heridas emocionales interpretan cualquier error o crítica como una confirmación de que «no son suficientes», afectando su forma de ser.
Gestión emocional
- Reacciones más intensas de lo esperado.
- Evitar emociones, conversaciones difíciles o conflictos.
- Dificultad para identificar lo que se necesita.
- Temor a mostrarse vulnerable.
Ejemplo: las respuestas emocionales pueden sentirse «desproporcionadas» porque están conectadas con experiencias pasadas, no solo con la situación actual.
Vida profesional
- Perfeccionismo que limita o paraliza.
- Miedo constante a cometer errores.
- Asumir más responsabilidades de las que corresponden.
- Necesidad frecuente de validación externa.
Ejemplo: el perfeccionismo también puede llevar a procrastinar, ya que la persona teme no cumplir sus propios estándares.
Señales para identificar tus propias heridas de la infancia
Reconocer una herida es un acto valiente, ya que requiere observar tus patrones con honestidad y notar esas reacciones que aparecen casi sin pensarlo. A veces, lo que más duele no es la situación en sí, sino lo que despierta dentro de ti.
Señales comunes
- Emociones muy intensas ante situaciones pequeñas.
- Repetir los mismos patrones en relaciones interpersonales.
- Miedo a pedir lo que necesitas.
- Vergüenza o autocrítica excesiva.
- Incomodidad con la cercanía emocional.
- Evitar conflictos a cualquier costo.
- Sensación de que «algo falta» o que hay una parte de ti que no termina de encajar.
- Puede aparecer una desconexión corporal: tensión constante, dificultad para descansar o sentir que el cuerpo está en alerta incluso en momentos tranquilos.
Las heridas emocionales no solo viven en la mente, sino también en la forma en que respiramos, nos movemos y reaccionamos.
Preguntas que ayudan a explorar
- ¿Qué situaciones me disparan emocionalmente?
- ¿Qué temo perder cuando alguien se aleja?
- ¿Qué partes de mí siguen buscando aprobación?
- ¿Cuándo dejo de ser yo para complacer a otros?
Estas preguntas impulsan el autoconocimiento y pueden ayudarte a identificar patrones.
¿Cómo sanar las heridas de la infancia?
Sanar es un proceso progresivo, no un momento único. Implica mirar el pasado con compasión, entender cómo te afectó y aprender nuevas formas de amor propio y cuidado hacia los demás.
1. Reconocer y nombrar la herida
Identificar lo que te duele es el primer paso. Cuando pones en palabras una experiencia, comienzas a transformarla y a verla con más claridad. Por ejemplo, sentir ansiedad cuando alguien tarda en responder un mensaje puede apuntar a un miedo temprano al abandono.
2. Validar tus emociones
Darte permiso para sentir sin juzgarte alivia parte de la carga. La validación interna debilita los patrones que mantienen la herida activa.
3. Reescribir creencias limitantes
Muchas heridas dejan mensajes internos como «no valgo», «no merezco cariño» o «si fallo, me alejan». Cuestionar estas creencias y reemplazarlas por pensamientos más amables es parte esencial del bienestar emocional.
4. Desarrollar regulación emocional
Practicar herramientas que te conecten contigo puede ayudarte a responder con más calma. Algunas de ellas son:
- Respiración consciente: practicar inhalaciones lentas y exhalaciones más largas ayuda a calmar el sistema nervioso y reducir la intensidad emocional. Puedes hacerlo por 1 minuto cuando sientas tensión o antes de responder impulsivamente.
- Journaling o escritura reflexiva: escribir lo que sientes te permite ordenar pensamientos y reconocer patrones. A veces, bastan unos minutos para expresar qué te activó y qué necesidad estaba detrás.
- Grounding o anclajes sensoriales: nombrar 5 cosas que ves, 4 que tocas, 3 que escuchas, 2 que hueles y 1 que saboreas. Esta técnica reduce la intensidad emocional al anclarte en sensaciones reales del aquí y ahora.
- Conexión corporal suave: movimientos lentos, estiramientos suaves o colocar una mano en el pecho ayudan a que el cuerpo salga del estado de alerta. Esta conexión corporal favorece una sensación interna de calma y seguridad.
- Pausas para volver al presente: tomar una pausa de pocos segundos antes de reaccionar permite que el cuerpo se regule y la respuesta sea más clara y calmada. Puedes usar recordatorios como “respira primero” para crear este hábito de autocontrol amable.
5. Trabajar patrones relacionales
Sanar también implica revisar cómo te vinculas hoy. Esto puede incluir:
- Aprender a poner límites sin culpa.
- Comunicar necesidades con claridad.
- Distinguir lo que pertenece al pasado de lo que ocurre en el presente.
- Reconocer dinámicas heredadas que ya no te sirven.
6. Acompañamiento profesional
Hablar con un profesional en salud mental ofrece un espacio seguro y cálido para procesar lo que te duele. A través del acompañamiento, puedes ganar claridad, integrar nuevas herramientas y experimentar una forma diferente, más sana y amable, de relacionarte.
¿Cómo puede ayudarte Sanarai a trabajar tus heridas emocionales?
En Sanarai te ayudamos a comprender de dónde vienen tus heridas y a reconocer los patrones que afectan en tu calidad de vida.
Con este proceso de sanación puedes apoyarte en:
- Identificar con claridad lo que te duele.
- Entender cómo influye en tus vínculos y decisiones.
- Desarrollar habilidades de regulación emocional.
- Construir relaciones más sanas y conscientes.
- Recuperar tu confianza y fortalecer la autocompasión.
Sanar es un camino que requiere paciencia y presencia; no tienes que recorrerlo solo. En Sanarai puedes caminar este proceso con un psicoterapeuta que te acompañe de forma cálida y respetuosa. Dar el paso y agendar una sesión, desde 20 USD, puede abrirte un espacio seguro para seguir creciendo.
Preguntas frecuentes
¿Todas las personas tienen heridas de la infancia?
Sí, todas las personas desarrollan alguna herida emocional en la niñez. No significa haber tenido una «mala infancia», sino reconocer que ningún entorno es perfecto y que siempre hay experiencias que un niño no logra comprender del todo.
¿Se pueden sanar estas heridas sin acompañamiento profesional?
Puedes avanzar con introspección y autocuidado. Aun así, cuando las heridas generan patrones dolorosos o afectan tu bienestar, el acompañamiento profesional ofrece un espacio seguro y cálido que facilita una sanación más profunda y estable.
¿Cómo sé si mis dificultades actuales vienen de mi infancia?
Si notas reacciones muy intensas ante situaciones pequeñas, patrones que se repiten, miedo a la cercanía o al abandono, o una autocrítica persistente, es posible que algunas experiencias tempranas sigan activas en tu vida adulta.
¿Las heridas de la infancia son lo mismo que un trauma?
No siempre. Las experiencias traumáticas suelen ser un evento intenso y disruptivo. Las heridas, en cambio, pueden formarse a partir de experiencias más sutiles, como invalidación o frialdad emocional, que, repetidas en el tiempo, también impactan en la autoestima y en los vínculos.
¿Por qué estas heridas reaparecen en mis relaciones?
Porque nuestras relaciones activan patrones aprendidos en la niñez. El miedo al rechazo, la necesidad de aprobación o el control funcionan como mecanismos de protección que se mantienen hasta que pueden hacerse conscientes y trabajarse.
¿Cuánto tiempo toma sanar una herida emocional?
Cada proceso es único. Depende de la profundidad de la herida, del nivel de conciencia personal y del acompañamiento que recibas. Más que una meta rápida, la sanación es un camino gradual hacia una relación más compasiva contigo mismo.












